Mi profesor

Con 19 años recién cumplidos mis padres me enviaron a estudiar fuera de mi ciudad, a una de las mejores universidades que pudieron pagar. Me alquilaron un piso para evitar las distracciones que conlleva compartir piso y comenzó mi vida de estudiante.

Nunca me consideré homosexual, pero mi timidez y el considerarme escaso de atractivo me hacían ser un chico retraído y temeroso que con 19 años ni siquiera había besado a una mujer.

En la universidad no me fue mucho mejor. Recluido en mis estudios que si bien no me entusiasmaban, tampoco me molestaban. Simplemente me dedicaba a ser el mismo chico obediente de siempre. Y mi timidez me complicaba el hacer amigos nuevos. Tan sólo me saludaba con las dos chicas que compartían asiento conmigo y poco más.

Entre mis clases, destacaba la que impartía un profesor joven, de unos 30 años, guapo y con buen tipo, con una cabellera rubia recogida en una cola de caballo. Las chicas por sus risas y tonteos parecían estar bastante interesadas en él. Y la verdad es que era muy simpático y muy distinto al reto de profesores.

Me llamaba la atención el hecho de que parecía estar muy interesado en mí. Siempre intentaba hacerme preguntas, no tanto por avergonzarme sino por intentar que participara más en la clase, y cada dos por tres nuestras miradas se cruzaban, cada vez más descaradamente, hasta llegar a lanzarme alguna que otra sonrisa.

Llegados al fin del primer semestre nos encargó un trabajo, y un día al finalizar su clase me pidió que me quedara a charlar con él.

Me felicitó por mis notas y me invitó a un café en la cafetería de la escuela. En la conversación fue superamable, y me felicitaba por mis notas y mi interés dándome buenas ideas para mi trabajo de clase. La conversación fue desviándose hacia el plano personal donde me preguntó por mis amigos, mis relaciones y demás. Pero al notar mi timidez y vergüenza al casi reconocer mi virginidad cambió de tema, para no soliviantarme. Al final me sugirió reunirnos en su casa para profundizar en mi trabajo y asegurarnos una buena nota. Me dio su dirección y me citó allí el sábado por la mañana.

El resto de la semana no pude evitar sentirme asustado y hacerme miles de preguntas. ¿Será homosexual? ¿Me exigirá acostarme con él para sacar buena nota? ¿Me hará chantaje?...Al final deseché esas ideas por paranoicas aunque lo cierto es que sin saberlo, estaba más cerca de la realidad de lo que pensaba.

Así pues opté por ir a la reunión ya que no tenía otra cosa que hacer, y curiosamente, desde que vivía solo y en otra ciudad, me importaba bastante poco lo que pudieran pensar mis compañeros de clase, perfectos desconocidos para mí.

Una vez en su casa, vestido con unos vaqueros y una camiseta que me estaban algo grandes después de perder algo de peso viviendo solo llegué a su casa. Un precioso adosado en un barrio tranquilo y residencial.

Al llamar al timbre y abrirse la puerta tengo que reconocer que no estaba preparado para ese recibimiento.

Jorge, mi profesor, me recibió vestido con una bata roja de raso, una felpa recogía su cabello apartándolo de su rostro que parecía estar cubierto de una especie de capa de maquillaje uniforme.

Cuando asimilé la sorpresa de verle así me invitó a pasar, disculpándose de haber olvidado nuestra cita. Pero me indicó que no me preocupara, que anularía la cita con su amigo y nos pondríamos a trabajar puesto que nuestra cita era anterior. Yo no podía apartar los ojos de su atuendo, realmente femenino, de bata de cola y zapatillas de tacón con plumitas rojas. Me indicó que me sirviera cualquier cosa del frigorífico mientras se adecentaba un poco en el baño. Mientras me servía una cocacola me comentaba que esperaba no haberme sorprendido al recibirme así y que igualmente esperaba que conociera su condición de homosexual y travesti, que no era ningún secreto. Pero claro, si yo no hablaba con nadie de la escuela que podría saber. Pero pensándolo detenidamente, es cierto que recordaba ahora mucho más todos sus ademanes y posturas algo femeninas en clase.

Al fin apareció con su pelo rubio suelto y arreglado y su maquillaje terminado, que si bien suave y nada agresivo, un poco de colorete, eyeliner, mascara de pestañas y brillo labial le daban el aspecto de una mujer preciosa y muy femenina.

Yo no podía evitar notar lo guapa que resultaba como mujer, vestida con un pantalón vaquero y una blusita de raso roja y botas de tacón negras por encima del vaquero con un cinturón negro ancho complementándolo. Y su perfume resultaba embriagador. Realmente era lo más cerca que había estado nunca de una mujer así, sabiendo que realmente no era una mujer. Y no estaba seguro si lo que me producía era excitación, envidia o admiración.

Al fin nos sentamos con el trabajo de clase y lo cierto es que me ayudó mucho con dicho trabajo, esperando sacar una muy buena nota con sus consejos y sus indicaciones.

Al final me encontraba muy relajado junto a él/ella, e incluso le acepté un cigarrillo de hachís y una copa de vino de la botella que abrió para celebrar el buen curso de nuestro trabajo. Sentados en el sofá la conversación e hizo más animada y sobretodo mucho más personal. Me contó mucho sobre su infancia y su desarrollo, donde no pude evitar encontrar muchas similitudes. Cuando llegó el momento de hablar de mí, pude superar la timidez y la vergüenza de admitir que aun no había besado a ninguna chica, supongo que por efecto del vino y del porrito. Me hizo miles de preguntas acerca de mis amigos y de mi infancia, y debo reconocer que para ese momento ya le consideraba más un amigo, o una amiga más bien, mi primera amiga real, que mi profesor. Conforme íbamos profundizando en nuestra conversación ella, cuyo nombre femenino me dijo que era Coral, estaba cada vez más cariñosa e incluso insinuante. Muy segura de saber la atracción y la admiración que me producía.

-¿Así que eres virgen aún? – Me espetó provocando un intenso enrojecimiento por mi parte.- No me puedo creer que aun no hayas besado a ninguna chica. Eso hay que solucionarlo ya, no crees?

-Eso espero.- respondí mirando al suelo.

-¿Te gustaría besarme?- me dijo.

Al no recibir respuesta por mi parte, apartó mi copa de vino y acercó sus labios a los míos y nos enlazamos en un beso largo y profundo.

Yo estaba en una nube. Besar a una mujer era genial. Dulce y delicioso. A pesar de saber que no era realmente una mujer. Y la erección que produjo en mi pantalón ya era evidente, a pesar de no haber tenido nunca un gran pene.

-¿Qué te ha parecido rey?

Mi sonrisa entre tímida y asombrada la divirtió y volvió a repetir el beso, solo que esta vez su mano acariciaba mi entrepierna acentuando más si cabe mi erección.

-Uf cielo, esto ya no hay quien lo pare.- Me dijo mirándome con sus preciosos ojos maquillados.

Sus manos juguetearon con mi pantalón y en un abrir y cerrar de ojos estaba completamente desnudo. Sus manos me acariciaban y me hacían gemir, sobre todo cuando sus labios tomaron mi pene entre ellos y me dio la primera mamada de mi vida. La experiencia fue increíble. Pero corta. Sus gemidos notaban que lo estaba disfrutando casi tanto como y en dos o tres chupadas me corrí inundando su boca con mi semen caliente entre espasmos y gemidos. Ella lo saboreó todo y me entregó lo que le sobró en un largo beso. Probar mi semen de sus labios fue increíble.

Cuando retiró sus labios de los míos yo estaba avergonzadísimo y deseando salir de allí. Pero me retuvo con sus manos y me ofreció de nuevo la copa de vino. Estaba completamente bloqueado. En sus manos por completo.

-¿Sabes que gimes como una chica?- Me dijo acentuando mi vergüenza aún más.

Me ofreció otro porrito y mientras acariciaba mi pelo me dijo:

-Corazón, Coral necesita satisfacción. ¿Se la darás no? Eres un chico tan bueno y dulce.

Mientras decía esto tomaba mi mano y la llevaba a su entrepierna obligándome a acariciarla. La situación me excitaba y cuando bajó sus pantalones y vi su pene encerrado en sus braguitas de raso volví a tener otra erección salvaje.

Me miró a los ojos y me dijo, "ya sabes lo que tienes que hacer". Así que me agaché, saqué su pene de sus braguitas y empecé a chuparlo.

-Mmmmm que bien, que bien lo haces, sigue así princesa.- Escucharla llamarme princesa no sólo no me desanimó sino que me excitó aún más. Intenté hacerlo lo mejor que pude recordando todas las pelis porno que había visto hasta ahora emulando a aquellas actrices tan sensuales. Al rato consiguió correrse y me indicó que lo tragara todo, como una niña buena.

Ya repuesta, sin dejar de acariciarme sacó de un cajón cercano un tubo de crema y una especie de dildo de color rosa.

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Ponte de espaldas princesa, esto te va a volver loca. Sin dudarlo le di mi espalda y noté mi ano humedecerse con un líquido viscoso de un olor dulzón. Al poco mi ano empezó a sentir calor y un picorcito delicioso que se calmaba con sus dedos juguetones. Cuando entraron sus dedos, primero uno, luego dos, tres, mis gemidos iban en aumento hasta que sacó sus dedos y sin darme tiempo a reaccionar noté el vibrador invadir mi culito provocándome un placer que no sabía que existía. El dildo vibraba a toda potencia y ella lo sacaba y metía con furor mientras su otra mano masajeaba mi pene y me masturbaba. Al fin volví a correrme de la manera más espectacular que había visto nunca. Rendido y medio muerto caí al sofá mientras ella sacaba el dildo de mi culito y me daba un dulce besito en los labios. Volvió con una toalla para limpiarme del todo y me dio una bata de raso como la que ella tenía puesta antes, solo que de color rosa claro.

-¿Te quedas a comer verdad princesa?.

Llegados a ese punto no podía negarme, sobretodo porque recogió mis ropas y las guardó en su dormitorio para asegurarse de que no huyera.

Mientras almorzábamos una ensalada ligera y disfrutábamos de otra botella de tinto me comentó como empezó a vestirse de mujer desde pequeña con la ropa de sus hermanas y cómo había evolucionado hasta ahora. Solía hacer de gogó en un pub de ambiente y allí conoció a su novio, al se me supone que conocería tarde o temprano. Volviendo a la conversación sobre mí, me contaba lo femenino que le resultaba y que se fijó en mí casi desde el primer día y que estaba segura que iba a hacer de mí una princesita. El hecho se dirigiera a mí en femenino no me hacía sentir para nada violenta o molesta, sino todo lo contrarío. Lo encontraba supernatural y excitante. Al final me convenció sin apenas esfuerzo para quedarme allí esa tarde noche y comprobar cómo quedaría completamente transformada en chica.

Lo primero fue ducharnos y aplicar crema depilatoria casi por todo mi cuerpo salvo en el sexo y el culito, que tranquilamente y con una dulzura pasmosa los depiló con cuchilla, dejando mi sexo completamente depilado salvo por una tira de vello corto en el pubis al estilo de tantas y tantas actrices porno que había visto.

Mi cuerpo completamente depilado e hidratado con crema resultaba terriblemente suave al acariciarlo, y el tacto de la bata de raso era completamente distinto así.

Mientras mi cuerpo terminaba de secarse y absorber toda la crema me hizo una pequeña manicura y me colocó unas preciosas uñas postizas de color rojo nacarado. Apenas podía dejar de mirar mis manos con esas uñas mientras procedía a recortar mi pelo para darle un estilo mucho más femenino. Al fin mi cabello negro me recordaba mucho al de la protagonista de la película "Amelié". Ahora tocaba aplicarme el maquillaje. Después de un buen rato de aplicar base, polvos, colorete, sombra de ojos, delineador de ojos, delineador de labios y un par de toquecitos finales de brillo en los pómulos estaba casi lista. A vestirse.

Medias de seda, cuyo tacto al entrar mis piernas me volvía loca. El conjunto de lencería eran unas braguitas rosas de satén y un body-corsé a juego de raso y encaje rosa y negro. Casi no podía creer lo que estaba sucediendo, pero estaba entregada, excitada, ilusionada y ya había asumido a referirme a mí misma en femenino. Me sentía casi una mujer.

Después me puso una blusita de raso dorada y una falda negra de nylon un poco por encima de la rodilla. Botas de tacón doradas para mis piernas. Anillos, pendientes de clip con la promesa de hacerme los agujeros más adelante, collares y pulseras. Estaba casi lista. Al mirarme al espejo casi no me reconocía. Bueno, no me reconocía para nada. El último paso era el pintalabios. Me ofreció una barra de carmín de color cereza mate, y me guió para aplicármelo yo misma. El hecho de pintarme los labios, y aplicar yo misma el posterior gloss para hacerlos resaltar fue una experiencia increíble. Casi sentí explotar mi pene encerrado en esas preciosas braguitas tan femeninas y suaves.

Ya terminadas me dejó en el salón sola con una copita, un paquete de cigarrillos y un canal de vídeos musicales en la tele para ir practicando con los tacones y bailar un poco si me apetecía para soltarme mientras ella se vestía.

Mientras Coral se arreglaba, yo en el salón no podía dejar de mirarme en el espejo, andar con mis tacones y bailar al ritmo de la música y mientras encendía un cigarrillo y lo fumaba, jugaba con mi imagen en el espejo adoptando todas las posturas más femeninas que podía. Estaba completamente desinhibida y suelta, más alegre y feliz de lo que nunca recordaba haber estado.

Al volver Coral estaba vestida casi como yo, sólo que sus botas eran negras y en lugar de blusa llevaba un top de lentejuelas plateado muy suelto que dejaba al descubierto su espalda.

-Estás loca, ¿lo sabías?- me dijo divertida al verme bailar tan suelta.

Al final acabamos bailando las dos en el salón como dos amigas al ritmo de las "Pussycat Dolls" que sonaban en el televisor.

Mientras seguíamos charlando y le comentaba lo bien que me sentía me dijo que su novio y un amigo vendrían luego para tener una fiestecita en casa, que no me preocupara, y que no tenía que hacer nada que no quisiera. Si bien la idea me asustó un poco al principio, me encontraba tan suelta y tan lanzada que la idea me pareció genial. Efectivamente faltaban hombres en esa fiestecita.

Cuando llegaron, repasé mi aspecto en el espejo y me apliqué un poco más de brillo labial para dejar mis labios perfectos. Estaba deslumbrante, mucho más femenina y bonita, al menos para mí, que muchas chicas reales que había conocido.

Carlos, su novio era un chico guapo, alto y musculoso simpático y alegre, muy masculino. Arturo, su amigo, guapo, alto y moreno, aunque algo más delgado. Al presentarnos nos dimos dos besos y pude sentir su mirada recorriendo mi cuerpo. Realmente le había gustado y saberlo me hizo sentir mucho más segura.

Ellos estuvieron hablando un buen rato de sus cosas, tomamos algo y servimos unas copitas para soltarnos un poco. Cuando le preguntaron a Coral sobre mí, automáticamente se dirigió a mí como Cristal, su nueva amiga. Les contó cómo se fijó en mí desde el primer día y lo segura que estaba de hacer de mí la princesita que era ya, definitivamente.

Los dos chicos alabaron mi aspecto y feminidad y tanto halago me hizo enrojecer. No estaba preparada para esto. Conforme iba pasando la velada Coral bailaba con su novio Carlos de forma muy sensual, esa chica sabía moverse. Yo no dejaba de mirarla soñando en poder bailar así algún día mientras Arturo, sentado a mi lado charlaba conmigo y me contaba cosas acerca de él, sabiendo que Cristal aun no tenía muchas cosas que contar, ya que prácticamente acaba de nacer.

Era cariñoso, dulce y muy seguro, poco a poco notaba los roces de sus brazos y sus manos por mi piel con la excusa de acercarse la copa, tocar mis manos al encenderme un cigarrillo e incluso juguetear con mi pelo al bromear conmigo. Dios mío, ese chico estaba ligando conmigo y yo estaba como una colegiala, entre avergonzada y excitada.

Coral y Carlos se fundían en un apasionado beso mientras Arturo les decía "ey, buscad un hotel!" entre risas.

-¿Qué os pasa, tenéis envidia?- soltó Coral mirándome sonriente y segura de su "obra.-¿Sabéis lo mejor de Cristal chicos?-Volvió a preguntar.-Aún es virgen.-Le dijo a Arturo mientras yo me ponía colorada como un tomate.

-¿En serio?-Dijo él sorprendido poniendo su brazo alrededor de mis hombros.

-Pero si te puedo decir que la chupa de vicio, es genial.-Soltó a bocajarro entre las risas de todos.

-Vaya, eso sí que es digno de verse, seguro.-dijo Arturo mirándome a los ojos.

Yo no sabía que decir, hacer o pensar. Estaba bloqueada, avergonzada pero no me sentía mal. Empecé a pensar en chupársela a Arturo y la idea me ponía a mil.

-Vamos Carlos, dejemos a estos dos que tendrán cosas que contarse.- Dijo Coral saliendo del salón llevándose a Carlos de la mano y guiñándome el ojo mientras salía.

Yo encendí un cigarrillo intentando calmarme mientras los dedos de Arturo jugueteaban con mi pelo y su otra mano acariciaba mi rodilla. Levantó mi barbilla con dos dedos y me miró a los ojos, solté el humo de la calada que le di al cigarrillo y acercó sus labios a los míos, que los dejé entreabiertos para recibir el primer beso de un hombre.

Su beso fue largo y seguro. Tomando el control de la situación. Besó mis labios, mi cuello, su manos acariciaban cada rincón de mi entrepierna hasta llegar a mi sexo, que apretó con fuerza, sin llegar a hacerme daño, pero desarmándome por completo. Me puso de pie mientras seguía besando mi nuca situado a mi espalda y bajó mi falda hasta los pies, volvió a sentarme en el sofá no sin antes acariciar todo mi trasero y pasar sus dedos por la raja de mi culo. Abrió los botones de mi blusa para acariciar y pellizcar mis pezones por encima del sostén de raso del body. Se puso de pie enfrente de mí y me dijo "bueno, a ver si la chupas tan bien". Excitadísima no dudé en abrir sus pantalones y bajarlos mientras se quitaba su ajustada camiseta negra y dejaba al aire su cuerpo escultural. Acariciaba su pene por encima de sus bóxer notando su calor y tamaño, mucho más grande y poderoso que el de Coral. Bajé sus bóxer y sin dudarlo introduje su pene en mi boca con toda la suavidad que pude. Apartar los dientes, usar los labios y la lengua. Mientras su pene crecía en mi boca la saliva salía a borbotones por mis labios. Su polla estaba lubricada, brillante, poderosa, preciosa. La recorría entera con mis manos y mis uñas rojas mientras metía sus huevos en mi boca. Dios, como lo estaba disfrutando. Sus manos sujetaron my cabeza con firmeza y empezó a follarme la boca mientras yo acariciaba su culo, sus abdominales y lo miraba fijamente. Que hombre era. Ahora entendía por qué yo nunca había conseguido verme así de masculino, sencillamente porque no lo era, mi sitio era ese. El de ella, la que la chupa a su hombre. La princesita, la chica, la mujer.

Siguió follando mi boca un buen rato entre gemidos de placer que se mezclaban con los míos de satisfacción. Al fin, antes de correrse me quitó la blusa, el body y las braguitas, dejándome solo con las medias y las botas. Me besaba y acariciaba mi pene, ridículo al lado del suyo mientras me decía "te voy a follar entera" y al oírlo me estremecía pensando en eso y deseando con fuerza que me follara toda, que me hiciera suya y que ese hombre con mayúsculas arrancara a pollazos cualquier resto de masculinidad que pudiera quedar en mí.

Me dio la vuelta y se agachó detrás de mí para inundar mi culo con su saliva, su lengua y sus dedos. El placer era indescriptible, mucho más que la experiencia anterior con Coral. Arturo era mucho más firme, masculino y fuerte que ella y eso elevaba la feminidad que crecía en mi interior. Separó mis piernas y lo noté pegarse a mi espalda, con su polla fuerte y dura entre mis nalgas. La situó en la entrada de mi culito y comenzó a empujar, sorprendentemente al principio entró con facilidad. El dolor vino un poco después, y al notar mis gemidos paró su penetración dándome tiempo a acostumbrarme. Sus labios besaban mi nuca, sus manos me acariciaba toda mientras me susurraba "aguanta nena, tranquila, todo irá bien". Cuando mi ano se acostumbró al tamaño de su invasor y se dilató lo suficiente su polla entró en mí por completo con un fuerte golpe de caderas. Noté sus huevos golpear contra mi culo y el dolor se hizo mucho más pronunciado. Empezó a follarme sin piedad sujetando mis manos con las suyas para que no escapara. Mis gemidos de dolor se mezclaban con los de placer, que poco a poco empezó a superar el sentimiento de dolor, hasta que éste desapareció por completo. Ya no era virgen, un hombre me estaba follando y yo solo deseaba que no parara nunca, loca de placer y excitación. Mi pene perdió toda su erección y se movía como loco al vaivén de sus embestidas. Me dio la vuelta y se sentó en el sofá conmigo aún empalada sintiendo su polla entrar mucho más en mi culo. Me abrazaba a él mientras se movía y me follaba sentada en sus fuertes muslos diciéndome "así nena, que bien, te gusta cómo te follo, eh nena? " y todas esas cosas que dicen los hombres en las pelis porno.

Al fin me cambió de postura y me colocó tumbada en la alfombra con las piernas abiertas, sobre sus hombros, y comenzó a follarme otra vez. Yo casi no podía gemir más, pero no quería que parara nuca. Me encantaba ser follada. La experiencia más importante de mi vida fue abrirme de piernas y ser follada por Arturo que introducía sus dedo en mi boca haciéndome chuparlos loca de placer. Masajeaba mi pene mientras me follaba hasta conseguir la mejor corrida que nunca tuve, salpicando todo mi vientre de semen caliente. Los espasmos que la eyaculación produjo en mi culo acentuaron su placer y sus embestidas hasta que se corrió y noté llenarme toda de líquido caliente que rebosaba por mi culo manchando la alfombra, mi culo y todo lo que encontró. Yo caí rendida en el suelo mientras lo veía levantarse, limpiar su polla aun erecta con una toalla y encender un cigarrillo. Me incorporó un poco y sin mediar palabra la volvió a introducir en mi boca para terminar de limpiarla de semen. Así lo hacía pero me entusiasmé tanto que seguí hasta volverla a poner dura y al poco correrse otra vez en mi boca. Lo tragué todo mientras Arturo me incorporaba y me ofrecía un cigarrillo.

-Uf, anda, ve a limpiarte nena.- Me dijo mandándome al baño con una palmadita en mi culo.

Recogí la ropa que quedaba y me dirigí al baño lanzando una mirada final al hombre que acababa de follarme, de hacerme mujer, de ponerme en mi sitio. No sólo no estaba avergonzada, como siempre me pasaba después de hacerme una paja como tantos adolescentes, sino que me encontraba distinta, feliz, excitada y segura. Me limpié en el baño, retoqué mi maquillaje lo mejor que pude y al rato volví al salón llevando la bata rosa que me había prestado Coral.

Una vez allí encontré a los tres mirando algo en el televisor. Cuando pregunté qué veían me dejaron boquiabierta al ver en la tele la escena de Arturo follándose a Cristal. Me habían grabado todo el rato. Ellos disfrutaban de la escena y Coral, orgullosa y satisfecha me cogió de la mano y me sentó junto a ella en sofá para disfrutar de la escena.

-No te preocupes princesa, luego te ponemos los nuestros, ya verás que bien salimos todos.- Me dijo sonriente, divertida y abrazada a mí. Era Coral, mi amiga, mi mentora, mi profesora.

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